Cómo fomentar e incrementar la actividad física en el colegio

La actividad física continúa siendo una de las asignaturas pendientes en la mayoría de las escuelas, y no solo por las horas de Educación Física que se imparten
Por Verónica Palomo 8 de septiembre de 2021
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Imagen: Yan Krukov

Frente al sedentarismo, el colegio desempeña un papel fundamental en la adquisición de las competencias necesarias para la práctica de la actividad física entre los más jóvenes. Sobre todo teniendo en cuenta que en España hay un grave problema latente: un 80 % de los menores tan solo realiza ejercicio durante el horario escolar. Y es que los niños cada vez se mueven menos, con todo lo que eso supone. El tiempo que se dedica a las clases de Educación Física en los centros escolares, los profesores que imparten esta asignatura y la implicación de todos en hacer un patio inclusivo y más activo resultan claves, como veremos a continuación.

¿Cuántas horas de Educación Física deberían tener los niños en la escuela?

España es uno de los países europeos que dedica menos horas semanales a la Educación Física. En concreto, una media de dos horas. A caballo entre las tres horas que aconseja el Parlamento Europeo y el mínimo de una hora semanal que estipula la legislación española. Esto hace que la mayoría de las comunidades autónomas impartan dos horas, aunque hay nuevos posicionamientos. Madrid, por ejemplo, acaba de aprobar la tercera hora, que se implantará a partir del curso 2022-2023.

Peso de la asignatura de Educación Física en el horario escolar

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Imagen: Eroski Consumer

Fuente: Cifras de la educación y atención a la primera infancia en Europa , 2014. Informe de Eurydice y Eurostat.

(1) Durante Primaria, en Italia y Portugal la Educación Física es una asignatura obligatoria con horario flexible.

No obstante, todavía estamos muy lejos de las que imparten países como Francia, que dedica cinco horas del horario escolar al ejercicio. Este es precisamente el país que, según Vicente Martínez de Haro, profesor de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), debería servirnos de ejemplo. “El modelo francés de Secundaria consiste en dos horas de Educación Física y tres horas de actividades físico-deportivas, un total de cinco horas a la semana. La asignatura de Educación Física consiste en enseñar a través del movimiento y aspira a formar futuras personas activas y conscientes de lo que pueden hacer, por qué, cómo y qué capacidades tienen. La actividad físico-deportiva consiste simplemente practicar aquello que a uno le gusta”, analiza Martínez de Haro. En el sistema educativo hay que buscar un equilibrio entre las diferentes asignaturas para obtener ciudadanos cultos y bien formados para el futuro, enseñando aquello que les sea útil.

En una línea parecida está Alejandro Lucía Mulas, catedrático de Fisiología del Ejercicio en la Universidad Europea. Este estudioso del ejercicio opina que “debería ser una asignatura diaria, llamarse Actividad Física y dedicar, al menos, una hora de juego activo, como caminar rápido o saltar todos los días, además de dos o tres sesiones semanales de fortalecimiento general (tipo gimnasia)”.

Profesores bien formados y motivadores

Lucía Mulas destaca el papel esencial de los maestros. “La salud de los adultos del mañana depende mucho de estos profesionales, aunque hasta hoy he tenido mis dudas sobre si las clases de Educación Física han hecho más contra el sedentarismo o más bien a favor de este”.

El especialista hace referencia a ciertas metodologías que durante años se han implantado en las clases y que a su juicio hay que cambiar. “Por ejemplo, al niño con sobrepeso y poco dotado para el deporte le puedes apartar para siempre de una vida activa o de que le guste hacer deporte si le pones a competir en inferioridad de condiciones frente a chavales con una mejor predisposición genética o a hacer un test de Cooper, que consiste en recorrer la mayor distancia en 12 minutos. No se trata de enseñar deporte –que es maravilloso, pero que yo dejaría para actividades extraescolares–, sino de practicar actividad física y, por tanto, salud”, explica el profesor de la Universidad Europea.

Patios inclusivos, ¿qué son?

Los expertos aseguran que, además de la importancia de ampliar el número de horas dedicadas a la actividad física en los centros, hay que implantar más recreos activos. Esta iniciativa requiere de un rediseño del patio, pero también de la monitorización de profesores o de un equipo encargado de mantenerles activos y evitar el aislamiento que se produce entre muchos alumnos que no encuentran alternativas para el juego o la actividad física.

Muchos de los conflictos entre los alumnos nacen en el recreo y gran culpa de ello la tiene el hecho de que tradicionalmente en estos espacios no han existido actividades y posibilidades de ocio para todos ellos. En el patio se corre de un lado para otro y se grita mucho, pero pocos menores son capaces de agruparse y jugar. Por otro lado, el fútbol en la gran mayoría de los centros escolares es el rey del recreo y, literalmente, sus pelotazos se adueñan de él, dejando poco espacio para aquellos a los que no les gusta su práctica.

Hace ya tiempo que los docentes se percataron de que el patio tradicional era urbanísticamente agresivo y decidieron sustituirlo por otro más amable desde el que reeducar a los alumnos en el juego y en el que tanto niños como niñas estuvieran incluidos. Los valores que se transmiten en el aula, de empatía, respeto, tolerancia y diversidad, había que trasladarlos también al recreo. Esa es la idea del patio inclusivo, un proyecto que ya se ha materializado en muchos centros y que, según sus responsables, funciona.

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Imagen: Mary Taylor

Cómo convertir un patio en un espacio inclusivo: dos ejemplos de éxito

✅ Colegio público Nuestra Señora de la Paloma (Madrid)

Un ejemplo es el colegio público Nuestra Señora de la Paloma en Madrid, que desde 2018 disfruta de este concepto de patio. Según su directora, Belén González, “el balance es positivo. Se trata de un proyecto puesto en marcha de forma conjunta en el que toda la comunidad educativa (profesores, padres y alumnos) fue partícipe”, explica la responsable.

Por un lado, se produjo un cambio de diseño, ya que se incluyeron más elementos de juego para que fuera posible una mayor diversidad, más vegetación, color, dibujos y formas, pero también la organización, ya que el docente tiene que servir de guía para promover acciones que incluyan a todo el alumnado. El resultado es que “los juegos no competitivos han ganado espacio, favoreciendo un mayor equilibrio y reparto de un espacio en el que antes el fútbol y el baloncesto eran los reyes indiscutibles”, cuenta la directora.

✅ Ikastola Kurutziaga (Durango)

La experiencia de la ikastola Kurutziaga, en Durango (Bizkaia), partió de un proceso de reflexión que emprendieron sus docentes también en 2018. “Nos preguntamos qué pasaba en los patios y pensamos que sería interesante aprovecharlos como lugar para la educación y la socialización, para fomentar hábitos saludables como el deporte, así como la autonomía, interés, motivación y curiosidad de los alumnos”, relata Urko Rodríguez, su director.

El patio se rediseñó y hoy en día está compuesto por un espacio exterior constituido de pequeñas montañas y desniveles, un carril bici que bordea el terreno, un anfiteatro natural, espacios para el encuentro con mesas, estructuras de madera que invitan a la imaginación y narrativa del juego, como una autocaravana y la silueta de un dragón, una zona para practicar actividades deportivas como la pelota vasca, baloncesto, fútbol o escalada, una tirolina… El patio ahora se adapta a cada etapa escolar y se ha creado un grupo multidisciplinar formado por responsables de área, monitores o cuidadores del comedor que están presentes cuando el profesor se ausenta y que tienen el tiempo del recreo organizado en diferentes áreas y propuestas: deporte, danza, teatro, juego libre… “En estos tres años de experiencia, los conflictos se han reducido, ya que cada uno tiene su sitio para disfrutar de lo que quiere. El alumnado tiene alternativas y esto ha influido de forma positiva en la convivencia. Lo cual es un logro muy importante”, concluye Rodríguez.

➡️ Cómo adaptar el patio para que sea más inclusivo

Estas dos experiencias son un ejemplo de cómo se puede adaptar el patio para que sea más inclusivo:

  • En la etapa de Educación Infantil (de 0 a 6 años), por ejemplo, los niños tienen interés y una curiosidad innata por descubrir y explorar. En estas edades necesitan estudiar el entorno natural y también poder elegir aquello que les interesa y cómo les motiva. Por ello, como en el caso de la ikastola Kurutziaga, la naturaleza tiene gran protagonismo en el patio, que cuenta con un riachuelo, piedras, un estanque y una huerta.
  • En Primaria (de 6 a 12 años), el patio se vincula al juego en grupo y más organizado. Ya sea juegos con reglas y normas ya establecidas, o las que ellos mismos crean. Es un lugar de encuentro, y un lugar no dirigido por los adultos.
  • Lo mismo ocurre en Secundaria (de 12 a 16 años), siendo los aspectos social y el deportivo los que adquieren más relevancia.